Los primeros dias con tu bebe recién nacido

Conoce como pueden ser tus primeros días con tu primer bebe, te ayudamos a afrontarlos mas positivamente con esta serie de consejos y posibles vivencias que te sucederán. Animo amiga!

Ya ha llegado tu bebe!, ¿ahora que pasara?

Desde el mismo momento de nacer el niño es recogido por la comadrona, reconocido por un médico, lavado y vestido para hacer poco después su entrada triunfante en la habitación entre los brazos de la madre. Luego ésta se ocupará, tras unas horas de descanso, de darle el pecho si es que desea hacerlo; de todo lo demás se ocuparán otras manos expertas y ágiles; incluso por la noche será llevado al «nido» para permitir el sueño materno.

Se suceden las visitas, los parabienes, los obsequios y la madre sufre en estos primeros días más agobio por todos los que la rodean que por aquel pequeño ser que dormita a su lado y a quien todos se empeñan por encontrarle un inequívoco parecido con papá, mamá o el abuelo.

 

 

Tu recién nacido llega a casa, !comienza el reto!

Mas, ¡ay!, estos días se acaban y madre e hijo abandonan la clínica camino del hogar. Y en éste, sin que disminuyan las visitas, incluso puede que aumenten, lo que va a faltar son esas otras personas que se ocupaban de los «pormenores» de la criatura. Ya están los padres y el niño solos y entonces éste comienza a adquirir verdadero protagonismo, a ser el centro absoluto alrededor del cual va a tener que girar toda la actividad diaria de sus progenitores y en especial de la madre que empezará a añorar la clínica como si se tratase de un paraíso perdido. Lo que allí pasaba por nimiedades se convierte ahora en un colosal problema. La mujer además tiene limitada su capacidad de movimiento por las molestias derivadas del parto, los puntos de sutura. etc.
Desde luego esta situación es mucho más aguda en la madre primeriza. La experimentada lo llevará con menos desasosiego; sólo que en su caso hay otro factor que viene a recargar las tensiones: los otros hijos. Los demás hijos, siempre pequeños, no van a limitar sus habituales exigencias de atención materna por el hecho de que su madre tenga ahora que ocuparse de un hermano; e incluso puede que alguno, sintiéndose «príncipe destronado», intensifique sus requerimientos.

Podemos preguntarnos cómo siendo el hombre el ser más avanzado en la escala zoológica es sin embargo el que nace más desvalido y el que precisa durante un tiempo más prolongado de los cuidados maternos y paternos. Efectivamente, cualquier otra cría de mamífero es capaz de desenvolverse de forma independiente de sus padres al cabo de muy pocos días o si acaso semanas de su nacimiento. Pues bien, es precisamente esa notable posición en la línea evolutiva la que determina que el niño sea dependiente durante años de los más íntimos que le rodean. Ese tiempo es esencial para que el ser humano adquiera el enorme conjunto de patrones sociales que lo caracterizan y en primerísimo lugar los de afectividad madre-hijo que se establecen a lo largo de los primeros meses de vida. El hombre es un ser social que necesita aprendizaje puesto que los factores instintivos quedan subsumidos por los comportamientos que hacen de él un individuo de la especie humana, interrelacionado con los demás y vuelto hacia sí mismo.

Sientete madre, procura evitar el estres y disfruta de tu bebe

Los primeros días en casa son esenciales para que la mujer se sienta madre. Con frecuencia los pequeños problemas del niño, que por tener que atenderlos sola se le presentan enormes, la desbordan y cae en un estado de desánimo con vagos sentimientos de fracaso. Es necesario tener en cuenta que también por estos días la mujer sufre una fase fisiológica de depresión que se ha intentado explicar médicamente como producida por los cambios hormonales que su organismo padece al finalizar bruscamente una situación que duró nueve meses.

Todo se junta, pues, para que la madre se desazone y busque a su alrededor ayuda. En este momento suele intervenir la abuela, que saca a relucir su experiencia que creía olvidada; o las amigas o las vecinas. Y está muy bien que todas estas personas voluntariosas acudan en socorro de la madre, pero siempre que, como es tan frecuente, no lo hagan para sustituirla en lo que ya es su misión junto a su hijo; deben, sí, aconsejarle, enseñarle los elementales cuidados del niño, pero estimulándola a ser ella quien inmediatamente los repita y asuma. En este punto hay que ser inflexible: es la madre la que en lo sucesivo se tendrá que ocupar de cuidar, asear y alimentar al hijo y conviene que se habitúe desde pronto. No faltan los samaritanos de este tipo que sólo consiguen llevar al ánimo de la mujer nuevos sentimientos de frustración. El consejo, por tanto, es claro: aprenda la madre cuanto tenga que aprender, pero no delegue sus actos.

 

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