La ropa apropiada para tu recién nacido

El niño, que ha nacido desnudo, necesita ser cubierto de ropa para mantener su cuerpo caliente, pero nada más. Están en la memoria de las personas de una cierta edad aquellas imágenes del recién nacido al que se fajaba de la cabeza a los pies en un proceso que más semejaba el de embalsamamiento de una momia egipcia que la vestidura de un pequeño ser lleno de vida y de movilidad.

Tipos de ropa apropiada para un recién nacido

En cuanto a la ropa que esté en contacto directo con la piel, debe ser de fibras naturales, preferiblemente algodón, y no sintéticas. Las prendas serán holgadas, cuidando de que en ninguna parte compriman el cuerpo del niño; no deben tener botones que hacen difícil su manejo sino que se abrocharán con cintas, una o dos, situadas en la espalda o bien con cierres adhesivos.

El resto de la ropa puede ser de otros materiales, siempre de fácil lavado, que no desprendan «pelusa» y también holgada y de cómodo cierre y apertura. No son necesarios los patucos aunque forman parte de cualquier ajuar del recién nacido e incluso constituyen habitualmente una de las porciones más representativas del mismo.

Los pañales, imprescindibles para el recién nacido

Los pañales son quizá la prenda más importante en el vestuario del recién nacido y del niño durante sus primeros meses de vida. Al estar en contacto directo con las deyecciones requieren un cambio frecuente como principal medida higiénica junto con el baño. Las características fundamentales que debe reunir un pañal son: empapar los líquidos y permitir una buena transpiración de la zona cubierta, listas cualidades estaban perfectamente conseguidas en los clásicos pañales de algodón que hasta hace pocos años eran de uso generalizado. Tienen, sin embargo, el inconveniente de necesitar un reiterado y cuidadoso lavado. Hoy han cedido el paso a los pañales de un solo uso, compuestos de materiales de origen natural o sintético. Aun con la importante remora de su coste, que al cabo de los días puede llegar a ser muy elevado, hay que reconocerles su beneficiosa influencia en liberar a la mujer de labores añadidas a la maternidad.

Sin embargo, son todavía muchas las madres que siguen utilizando, por diversas razones entre las que destaca, por supuesto, la económica, pañales de algodón. Para ellas van estos dos consejos. No recubran nunca el pañal con un plástico pensando que de esa forma protegen de la humedad el resto de la ropa; esa humedad queda entonces en contacto con la piel del niño llegando a macerarla irritándola y favoreciendo la aparición de infecciones. Cuando laven esos pañales echen al agua de aclararlos un poco de vinagre: los restos de orina que pueden quedar en el tejido se transforman en sustancias amoniacales irritantes que son neutralizadas por la leve acidez del vinagre.

La ropa de cuna, evite infecciones del bebe

La ropa que se utilice para revestir la cuna no es de menor importancia que la que recubre al niño. También se preferirán las fibras de algodón, sobre todo en aquellas zonas con las que entra en contacto la cabeza y la suave piel de la cara. La cuna no debe estar excesivamente abrigada; es siempre mejor que la habitación esté templada. Hay que pensar que si el niño tiene demasiado calor él no sabrá manifestarlo ni menos aún podrá liberarse del exceso de ropa. El recién nacido regula mal su temperatura corporal y ante un exceso de calor exterior puede elevar aquélla con la consiguiente aparición de fiebre que no obedece a ninguna causa infecciosa sino sencillamente a ese caldeamiento a que está sometido. Del mismo modo hay que cuidar que tampoco esté fría la cuna porque descenderá la temperatura del niño. En ocasiones, un niño que se muestra tranquilo en brazos de la madre llora desconsoladamente en cuanto se le pone en la cuna; no es raro que muchos de estos casos aparentemente inexplicables se reduzcan a la sensación de disconfort que el pequeño encuentra entre unas ropas demasiado frías, demasiado calientes o ásperas. Hará bien la madre en pensar en ello porque la solución, como se ve, es muy sencilla. Una vez más el mejor termómetro es la propia piel de la madre.

La cuna estará, por otra parte, libre de cualquier objeto capaz de estorbar la comodidad del niño; no es el lugar indicado para depositar biberones, ropa de repuesto o juguetes a los que, por cierto, el recién nacido no hará ningún caso. También hay que vigilar que no haya cordones, cadenas y otros objetos similares en los que pueda enredarse la cabeza o las extremidades; así pues, los colgantes, adornos y las cintas de los chupetes deben proscribirse. Asimismo hay que tener precaución con los medios usados para sujetar algunas prendas. Los alfileres normales deben eliminarse; los llamados «imperdibles» habrán de ser de modelos con cierre de seguridad y al aplicarlos habrá que tener siempre cuidado de levantar la ropa para no clavarlos inopinadamente en el cuerpo del niño. En cualquier caso son siempre preferibles los cierres autoadhesivos de uso muy extendido y fácil colocación.

Tampoco se usarán broches metálicos, ni siquiera como adorno, por el riesgo de desprenderse o herir al niño: guárdense en su envoltorio de regalo y manténganse como recuerdo. Las pulseras, regalo frecuente de los padrinos al ahijado recién nacido, son peligrosas porque pueden llegar a cortar la piel si se enganchan en algún objeto; agradézcase el obsequio y guárdese también.

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